
«¿Qué soy a los ojos de la mayoría de la gente? Un don nadie, un tipo excéntrico o desagradable, alguien que no tiene posición en la sociedad y nunca la tendrá, lo más bajo de lo bajo. Bien, entonces, incluso aunque eso sea cierto, me gustaría algún día mostrar mediante mi trabajo lo que un excéntrico, lo que un don nadie, tiene dentro de su corazón.Esta es mi ambición, basada menos en resentimiento que en amor, a pesar de todo, basada más en un sentimiento de serenidad, que en pasión. Y aunque rayo las profundidades de la miseria, aún allí hay calma, pura armonía y música dentro de mí.»Vincent Van Gogh, Carta a Théo Nº 281.
Dejame contarte este momento en el tiempo,
un momento sinceroque viene a traerle tranquilidad a mis sentimientos sin receso.
Y no necesito que alguien venga a hechar leña al abrasador infierno de mis pensamientos.
Ahora yo Vuelo entre nubes de ensueño,
y el fresco aire de un cielo tan claro como su piel me entrega el aliento.
Y no importa el cambio, no importa el dinero.
Vuelo y atravieso nubes blancas, bajo un cielo sereno, tan azul como el océano.
Y allá abajo, en aquellas islas de verdes colinas y blancas arenas costeras,
tan dichosas,las olas llegan transportando la paz.
Las aves del mar cruzan mi senda,
y la vida inunda cada trayecto de mis venas.
Contadas y esporádicas veces siento tal sensación de alivio,
tal cantidad de imágenes cosechadas de mi fecundo delirio.
Y no importa el cambio, no importa el dinero,
no importa todo aquello que los lobos de la jungla de acero
y concreto
y cristal
y ajenjos
puedan hacer para estrujar mi intelecto.
Mis sueños y sentimientos no tienen fríos dueños terceros.
El cielo es tan azul que se confunde en el horizonte con el océano.
Desde el aire, traspasando velozmente las blancas nubes obtengo la visión de un mundo perfecto,
sin remordimientos, sin amonestaciones, sin dolores,
sin penurias, sin fracasos,
sin esforzados e interminables trabajos.
Sin el sometimiento al dinero,
el papel del asqueroso y fraudulento precio.
Y en las noches, son incontables las estrellas, son tan luminosas y tan incontables.
No están abrazadas por el velo de la jungla humeante de concreto.
Iluminan cada oscuro sendero, y brillan como ella cuando pierdo el aliento.
Si tan solo pudieras navegar en el mar de mis sueños,
bajo celestes cielos,
entre islas de verdes colinas y blancas arenas costeras,
y nubes de ensueño,
te darías cuenta tal vez, que nada me conmueve más que un momento de profunda paz y sincera felicidad.
Pero es sólo un momento,
Pero es sólo un momento,
el momento se termina, el tiempo pasa
y yo vuelvo a la fría e insulsa tajada de realidad que me fue asignada.
Un mar de lágrimas dejó aquel esporádico y pasajero momento.
Había saboreado la felicidad, sentídola en cada latido de mi pulso acelerado por su magnanimidad.
Todo gracias a mi alma, que tiene tan extensas y blancas alas.



